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Mecánica de escalera

Hay algo en las escaleras mecánicas que me fascina. De hecho, todas las escaleras deberían ser mecánicas. No por el hecho de vagueza o que ahorren tiempo, sino por otras fuerzas mucho mayores.

La gente, en las escaleras convencionales, va en dispersión, a su bola. En cambio, en las mecánicas entienden la importancia y respeto a tu prisa; «el inviolable orden izquierda/derecha».
En cambio (curiosamente), cuando no funcionan, la mayoría de la gente reusa de ellas como si fuera algo sagrado que sólo se puede utilizar cuando se mueve. Y no lo entiendo, porque realmente el tamaño de escalón suele ser mayor en la mecánica por lo que llegas antes igualmente. Misterios humanos…

Pero esto no sólo pasa en las escaleras, en las cintas transportadoras pasa igual (con la diferencia de que sales disparado al llegar a destino).

En todo caso parece ser un tema de «mundos». Cada medio, un mundo, y dentro de ellos un montón de otros tantos en cada persona, en cada individuo en movimiento.

La gente de la mecánica mira a los de la normal en plan:
– «Qué idiotas»

Y la gente de la mecánica mira a los de la normal y piensan:
– «Al menos yo hago ejercicio… Vagos, que soys unos vagos»

El caso es que sin duda los que se mueven sin mover un músculo se sienten de alguna forma privilegiados.

Ahora bien, hagamos un paralelismo con la vida. La vida es como es, y va en una escalera mecánica imparable. Los años ascienden, las motivaciones, las aspiraciones… Los estados suben y bajan. Cogemos escaleras en una u otra dirección según nuestras actitudes. El caso es que no te puedes sentar en el escalón (parar el tiempo) porque al final te pillarás el culo…
Si tomamos el paralelismo anterior diríamos que el tiempo es un privilegio. Pues bien, seguro que lo es. Sin él no cabría ningún sueño. Si no hay tiempo no hay vida. La vida es cambio, movimiento. No se entiende esta sin él. Para todos aquellos que piensan que no lo es quizás es porque no lo están invirtiendo en aquello que más les motiva o no se han preocupado en buscarlo.
Pero la escalera sigue amigos… La escalera no para y en tu cabecita está la decisión positiva o negativa de creerte afortunado o no. De decidir qué hacer contigo y con tu entorno.

Caer es demasiado fácil: no hay que hacer nada. Entonces sube, disfrutemos el paisaje y vamos de la mano al cielo de las posibilidades que esta escalera nos brinda por estar en movimiento (sin mover un sólo músculo). Asume que estás en ese medio, cree en ti.

Ahora sólo nos queda mirar al frente sonriendo y cantar ¡¡¡ Don’t Stop Me Now !!!

© Román Reyes