flying is learning by Román Reyes

Aprendiz de vuelo

Hay momentos que nacen como un golpe bajo de una canción, antes de un estribillo. Se expanden por el pecho y recorren todo el cuerpo en una explosión de bienestar manifiesto.

Golpean tan fuerte que sólo cuando salimos de ellos somos conscientes de esa felicidad. No obstante, con entrenamiento podemos mantener estos niveles placenteros siendo conscientes. Es entonces cuando creamos un engranaje en nuestro cerebro que lleva a que recibamos cualquier acontecimiento desde otra perspectiva más amable.

Elegir ser feliz no es un auto engaño constante como algunos creen. El mayor auto engaño reside en creer que es mejor tener una visión negativa considerándola como objetiva. Hay que salir de los viejos dogmas y respuestas fáciles creadas por aquellos que tienen miedo a conocerse.

Los últimos estudios en neurociencia están dando un aval científico a lo que se intuía. El cerebro es altamente maleable y podemos domar a este gigante de forma consciente para que trabaje a nuestro favor. Más allá de la pura supervivencia, para que dé energía a nuestros sueños más profundos. Para que el día a día tenga sentido y dejemos de clamar y quejarnos por las cosas que no manejamos.

No es un secreto que todo lo bueno atrae lo bueno. No es nada místico.

Si sonríes, te sonreirán. Si vas despertando buenas sensaciones en la gente, la gente querrá estar a tu lado. Es un sistema de retroalimentación.

Y uno de los pasos para ser feliz es descubrir en nosotros mismos qué nos llena. Qué es aquello de lo que -en cuanto nos sumergimos- perdemos noción de espacio y tiempo. Qué es aquello que, como definión el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi nos hace fluir.

Pueden ser muchas cosas y sorprendentemente más pequeñas de lo que creemos. Incluso el segundo de esa canción que te hace ser consciente que estás pasando una buena etapa. Que posees un bien estar a nivel general positivo y que pese a todas las dificultades actuales todavía nadie te es capaz de quitar la capacidad de elegir. Elegir o guardar. Aunque sea unos pequeños momentos para aquello que te hace volar de verdad.

Quizás sólo haga falta abrir bien las propias percepciones. Tomarse un segundo para desplegar esos talentos ocultos que nos hagan notar la brisa sobre nuestra cara, aún estando sentados en nuestra habitación.

Recuerda que no hay nada más potente que la imaginación. Si todavía no puedes hacerlo, imaginarlo puede darte claves para avanzar en tu acción. La imagen no ha de desaparecer.

El horizonte cambia a cada metro. Eso es lo divertido del juego de la vida. Mucho más afable cuando somos creativos en el día día. Mucho más colorido cuando somos personas que nos adaptamos a las circunstancias sin negarlas. Mucho más lógico cuando sonríes el presente.

No te niegues, confía, vuela.

© Román Reyes