Constructores de felicidad

Sólo hay dos opciones en la vida: constructor o destructor. Ir en pro de la felicidad o a favor del miedo.

El miedo impide, destruye.

El miedo es injusto, agarra, atraganta y agrede tanto a uno mismo como a los demás.

El miedo sólo vale como función biológica de defensa frente a amenaza real. Cuando está invocado y se instaura negativamente sobra.

Hay que recordarse que la felicidad no es un objetivo, ni una utopía. La felicidad está en cada ladrillo colocado con dulzura, cada gesto que aboga por construir algo, por besar momentos.

Los afectos son variados e impredecibles pero las interpretaciones son conscientes y han de ser entrenadas.

Los ojos de las grandes personas son las ventanas del reflejo de lo que queremos. Dentro hay quien construye bombas y también quien roza cielos con lindos rascacielos. Construidos de poco a poco, con algunas caídas inevitables, pero siempre creyendo y perseverando. Con la mirada limpia al saber que no hay lágrima que impida la pureza del segundo en el que decides seguir construyendo cuando la ola vuelve a alisar -una vez más- tu castillo.

Hay una medicina para volver la atención privilegiada a aquello que de verdad merece la pena: cuatro letras para mucho contenido; amor. Eso que todo lo puede, en todas sus vertientes. Esa es la mayor fuerza para seguir construyendo.

Por un sueño ahora. Por una elección consciente; constructor o destructor. ¿Qué eliges?

© Román Reyes