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La buena suerte

¿Ves eso? ¿Qué opinas de aquello? Sea cual sea el objeto a observar tu respuesta será única, aunque sea en matices. Porque cada cosa que vemos genera en nosotros una respuesta química y emocional, casi imperceptible (desde el lado consciente). Pero notable si estamos abiertos, despiertos, permeables a nosotros mismos. Casi nada ¿no? Vivimos demasiado en automático. Parece menos doloroso, quizás. Pero esa es la única fórmula para seguir la inercia de la “no vida”. La buena noticia es que la respuesta activa, en pensamiento y luego en decisión, es más una elección que un sistema automático. Incluso podríamos decir que este sistema automático se modifica en base a la repetición continuada de estas decisiones. Podemos cambiarlo hacia donde queramos, como si fuéramos el imán que cambie la dirección de nuestra brújula interior para alinearla con la dirección que sentimos, como si fuéramos el viento para decidir el ritmo de nuestra propia cosecha. Por lo tanto -y esta es la buena nueva que viene proclamando la neurociencia desde hace años-,

no somos presos de nuestro cuerpo, química o circunstancias, sino son las circunstancias las que son consecuencia de nuestras actitudes y hechos.

Igual que mueves el aire cuando decides alzar el brazo, moverás destino cuando caminas en pro de lo que haces desde tu verdad. Aunque sea a pequeños pasos, aunque no estés seguro de que 100.000 pasos más te garanticen el éxito, sabrás que ese adelanto es en la dirección correcta. Por eso sustituyo precisamente paso por adelanto. Y sólo saberse accionado en pro de lo que sientes correcto (y correcto es: en línea con tu esencia), trae un sentimiento de plena libertad.

Lo creas o no, tu actitud, el “signo”, “energía” o como quieras llamar al “color” de tu respuesta, marcará tus hechos venideros. Porque no es la suerte lo que podemos elegir, si no la buena suerte, como bien nos contará Alex Rovira, en este audiolibro en forma de cuento. Imprescindible, tan real como bello… Regálate un momento y decide ahora si quieres tener, por fin, buena suerte. Porque para tener buena suerte no hace falta comprar la lotería, hace falta saber que la lotería ya nos ha tocado. Pero es una lotería que se compra a base de conciencia. Quizás hoy, la quieras absorber de este cuento maravilloso (que también puedes comprar en libro físico si prefieres sentir sus hojas):

“La buena suerte”

Epílogo personal:

Dirás… “Todo esto es genial, pero ¿qué tiene que ver “La buena suerte” con la moza que preside en foto esta entrada?” Déjame que te explique. Es sencillo… Puede parecer una estrategia de marketing, que una chica guapa “vende más”, pero nada más lejos de la realidad. A mi alrededor tengo varios ejemplos muy tangibles de gente que parece ser que la suerte les sonríe, pero tengo más que constatado que son esas personas las que sonríen ampliamente -y constantemente- a la suerte. Y cuando esas personas obtienen algo de gloria sólo puedes sentirte una extensión de su felicidad. Porque despiertan y dan ejemplo de la posibilidad de lo imposible. Son de esas personas que piensas que no les puede ir mal en la navegación de sus sueños porque hacen día a día por navegarlos, y encima lo hacen en sonrisa.

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Esta es Macarena García recogiendo el Goya como actriz revelación por “Blanca Nieves”. Y nada es una casualidad. Compartimos clase durante dos años en diferentes escuelas, y además -en un inicio muy especial-, ya que la inicial fue mi primera escuela relacionada con el arte dramático. Y os puedo asegurar que Macarena es todo sonrisa, es actitud primaveral (un profesor la denominaba “la primavera”), es trabajo y esfuerzo. Pero toda su esencia es movida desde los primeros valores, desde el amor a lo que hace, y cuestionándose siempre hacia dónde va. Cuestionándose en sonrisa. Por eso cuando ganó este premio supe que -pese a los factores incontrolables que hacen a uno consumar un éxito-, ella es esencialmente una “sembradora de papeletas”. Si no era en ese momento, otros éxitos le tenían que llegar. Era -irremediablemente- una de La buena suerte que habla Álex Rovira en su cuento. La suerte cultivada, la suerte real. Y así los hechos le dan la razón. Simplemente porque es irremediable.

Y este post lo ilustra, para mí, otra persona (también de mi ámbito actoral -porque es lo que tengo más cercano-), de nuevo, que contiene los valores y actitud en sonrisa para mover y escoger su futuro. Claudia Traisac es otro ejemplo latente de esta actitud creadora. Así se me saltaron las lágrimas viendo su trabajo en en una película junto a estrellas internacionales en el 62 Festival de Cine de San Sebastián. La misma sensación, aunque única a la vez, cuando ese otro día veía de rodillas y pleno en emoción a Macarena recogiendo el máximo galardón en cine que existe en España. Nada es casualidad. Estas personas son necesarias porque dan ejemplo y hacen ver que es posible. Así, podría seguir poniendo ejemplos, y seguro que tú conoces a gente así. Gente que se dice que son “luz” porque haciendo sus sueños dan sentido a la lucha de muchos otros. Lucha placentera no obstante. Luchas iluminadas. Gente que ilumina.

Así, sólo me queda de nuevo, invitarte a que seas una de esas. Y si es así, quiero conocerte. Seguro que nuestra buena suerte nos une… porque nosotros lo decidimos.

Román Reyes

( Foto Claudia por Rafa Diéguez )